Nunca dejamos de querer


Hay cosas que jamás tendrán lógica, hechos que en nuestras vidas nunca podrán hacer una buena comunión. Es de madrugada y pese a no saber como empezar, escribiré tratando de exponer el tema, sin tratar con ello de resolverlo, nunca podría si lo intentara.

Nunca dejamos de querer.

Es bien conocido que el corazón humano es un músculo demasiado frágil, se pasa del amor al odio con demasiada facilidad; pero cuanto de este odio es real, y también cuanto de este amor es real?.

Esta noche creo que las definiciones no están nada nítidas. Amamos y odiamos, esa es la gran verdad, pero creo que odiamos la gran parte de las veces derivados del amor, sea porque se nos arrebato o porque nos dieron estocadas mortales. El odio se convierte en un tipo de coraza y fortaleza, una armadura nada aconsejable, pero funcional de forma al menos momentáneamente. Sinceramente el odio creo que es consecuencia a una herida en el alma, el odio puede ser intenso, pero cuando se odia a quien se amo puede que este sentimiento no sea real.

Cuando nos hieren nos sentimos devastados, y muchas veces los seres humanos reaccionamos de diferente manera, las posibilidades de cómo se reacciona son infinitas, de entre ellas esta una, algo que se supone le negará la satisfacción a los demás de verlos abajo. El negar el dolor mismo.

¿Quién no ah intentado no dar la satisfacción de dejarnos ver totalmente destruidos y abajo?

Generalmente nos sentimos tan heridos que en medio de un intento de salvar quienes somos y lo que resta de dignidad y orgullo (un orgullo mal entendido si hay que ser específicos), nos probamos la careta de que todo esta bien, que no nos afecto, que seguimos siendo felices, sonrientes, sociables, triunfadores… comenzamos a mentir para los demás diciendo “estoy perfectamente, no me duele” intentando por todos los medios que así sea. La siguiente fase de esta mentira sin sentido es el evitar por todos los medios pensar en el tema: evitamos por todos los medios pensar, el pensar en algo o en alguien especifico se convierte en algo prohibido.

Nos evadimos a nosotros mismos, intentamos que en serio pase desapercibido, mentimos a los demás con las mejores de las sonrisas y las actitudes que consideramos harán ver a los otros que estamos de lo mejor y nos mentimos a nosotros mismo al dejar de lado las reflexiones, intentamos hacer lo que debemos de hacer, salir adelante cuanto antes, guardar las apariencias, postergar lo que se siente, postergar el pensar en ese alguien… para lograrlo, nos comenzamos a deshumanizar. Si no se es tan humano tampoco se siente tanto, la frialdad nos evita muchos problemas del corazón. El frío preserva, la indiferencia hace que… no estés vivo, si, pero tampoco te mata, solo te deja estar y finalmente llegamos a la estupidez de decir que nos es indiferente.

Pero ninguna mentira dura eternamente, las mentiras cada vez arrastran más cosas, se convierten en lastres, lastres que nos hacen cada vez más terrorífica la idea de pararnos un poco y ver donde estamos y de donde venimos, por el simple hecho de que no queremos enfrentarnos con nuestros propios demonios; y finalmente llegamos al horrendo momento, donde nuestro mundito artificial se viene abajo y queda la realidad.

La verdad y el dolor caen en un solo momento sobre nosotros, hundiéndonos, ahogándonos en algo que escose la piel. Ese momento es desastroso, porque recibimos un dolor acumulado y también nos damos cuenta que no odiamos, que no podemos odiar, nos enteramos que cada palabra que dijimos era tan vana… nos damos cuenta también de que seguimos queriendo, seguimos amando con la misma intensidad, pero con la gran desventaja del tiempo que pasa implacable y que con cada segundo derrochado nos hace más lejana la idea de un desenlace feliz.

Cuando se quiere de verdad nunca se olvida, en realidad no se desea olvidar, eso sería la peor de las blasfemias así que, como buenos y viserales seres humanos aprendemos a vivir amando, teniendo día con día ecos de cariño que jamás podrá ser prodigado, pero que existe y es real.
Muchos le llaman a todo esto “madurar”, hoy creo que eso no es madurar, si no el boicotear nuestras propias existencias. La vida no es rosa, todo mundo te lo dice en cuanto creen que se tiene la edad suficiente para saber la cruda verdad, pero esto es una verdad parcial y retorcida.

Cierto, la vida real a veces dista mucho de los cuentos de hadas, las circunstancias y nuestros propios actos marcan nuestro presente y nuestro futuro.

Los miedos y las soberbias destruyen todo lo hermoso que se nos presenta, nosotros mismos lo destruimos; tal vez no nos damos cuenta dado que persistimos en enviciarnos en amargar nuestras existencias, pero la felicidad puede estar ahí, y la rechazamos, y cuando nos damos cuenta ya es demasiado tarde y el amor… el amor no muere, eso es imposible pero después de tanto dolor se deja de confiar en el corazón.

0 comentarios:

Publicar un comentario